Nació esta institución religiosa cuando, apenas iniciado el siglo XVII, una mujer francesa, Juana de Lestonnac, contempló y revisó el estado de la sociedad francesa, de manera especial el de la mujer. Comprendió que la mejor ayuda que se le podía prestar era la atención a su formación, para que se promocionase y pudiese velar en la sociedad por sus derechos. No sería hasta el 20 de mayo de 1900 cuando la Iglesia, reconocería oficialmente sus virtudes heroicas con la promulgación de un Breve Pontificio del papa León XIII, siendo el mismo pontífice quien, el 20 de mayo del mismo año, oficiase la solemne ceremonia de beatificación. El 15 de mayo de 1949 fue declarada santa por el papa Pío XII. La llegada de las religiosas a Sanlúcar de Barrameda vino a coincidir con el ataque que, en Francia, se había alzado contra las Congregaciones Religiosas de enseñanza entre 1901-1905.

En 1 de julio de 1901 se promulgó una ley que motivaría que, desde ese momento y sobre todo en 1903, fuesen más de 30.000 religiosos de todas las Congregaciones los que tuvieron que salir de su nación. Fue el momento en que muchas religiosas de la Compañía de María emigrarían para España y para otros países europeos. Ya, con anterioridad, la Compañía de María estaba establecida en España. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para poder mantener la gratuidad de la enseñanza en sus Centros. El convento de Barcelona, en el último tercio del siglo XIX, presentó a las Cortes una proposición para declarar exentos de la desamortización los bienes de la Compañía por su labor social benéfico-educativa. Tal proposición se convirtió en Ley en 1878. En ella reconocía el Congreso que la Compañía de María llevada ya dos siglos y medio dedicada a la educación de las jóvenes, “especialmente a las de las clases más pobres, que han acudido constantemente a ellas, por la doble circunstancia de ser la educación esmerada y gratuita”. De bien poco sirvió la Ley. Salió tarde. La mayoría de las escuelas habían sido subastadas. Eran los jesuitas los que se encargaban de la atención espiritual de las religiosas. El cardenal de Sevilla facultaba al superior de la residencia de Jerez de la Frontera para que designase a un confesor extraordinario para las religiosas para las cuatro témporas del año y para la dirección de los Ejercicios Espirituales que habían de practicar . Para continuar con la fundación sanluqueña vinieron religiosas del país vasco (Vergara), tras haberse solicitado religiosas a diversas casas por escasez de personal. Fueron las madres Carmen Zabala, Mercedes Albarellos, Micaela Gárate y Josefa Suescun. Salieron camino de Sanlúcar de Barrameda el 2 de junio de 1898. Fueron extraordinarias religiosas. Prestarían importantes servicios a la Compañía de María en los treinta años posteriores: prioras en Sanlúcar de Barrameda, fundadoras de la comunidad de Madrid y maestras de novicias en México. Las religiosas, provenientes de Bergara, hicieron escala en la comunidad de Jerez de la Frontera, breve estancia que daría origen a una buena y estrecha relación entre las dos comunidades. El 6 de junio de 1898 se encuentran ya en Sanlúcar de Barrameda las madres de Bergara iniciando así una nueva etapa. La madre Carmen Zabala había ejercido los cargos de maestra de clase, ayudante de tornera, maestra de dibujo, prefecta del colegio, discreta, maestra de novicias, subpriora y priora. El 24 de marzo de 1899 fue nombrada priora, cargo que le sería renovado a lo largo de 7 trienios, hasta el 27 de marzo de 1917. En 1920 expresaría su renuncia decidida alegando razones de salud y edad. Durante su priorato fueron 45 las religiosas. que tomaron el hábito en la comunidad de Sanlúcar de Barrameda. De ellas, muchas provenían de su anterior colegio de Bergara. La fundación se había efectuado en 1895. Se debió a la familia González Hontoria, Antonio González Ángel (médico) y Paz Hontoria Tezanos. Entre sus ocho hijos se encontraban Manuela, Carmen y Rosario, las cuales se habían educado en el Colegio de la Compañía de María de San Fernando (Cádiz). Idearon fundar, a sus expensas, otro colegio de la misma Compañía en Sanlúcar de Barrameda, su tierra natal. Sus proyectos fueron aprobados por su director espiritual, el arcipreste Rubio Contreras, y ejecutados el 12 de octubre de 1895, bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Paz y San José. Pronto Manuela González Hontoria (nacida el 11 de marzo de 1847) expresó su deseo de abrazar la vida religiosa, pero no lo pudo realizar de inmediato por la enfermedad de su madre (la locura), a la que cuidó durante 23 años. Unida a sus dos hermanas (Carmen y Rosario) concibieron la idea de abrir unas clases para niñas pobres. Lo comunicaron a la madre Presentación Villanueva, priora del convento de San Fernando. Obtuvieron de ella permiso para que, entrando en las clases, aprendieran prácticamente los métodos pedagógicos de la Compañía de María. Fallecieron los padres de Manuela. También su hermana Carmen. Esta había legado todos sus bienes para la pretendida fundación.

El proyecto se hizo realidad. Levantaron de planta un edificio en la finca que habitaban, denominada “Huerta Grande”. Con la orientación de Rubio Contreras, solicitaron de la superiora del Colegio de San Fernando que cediese algunas religiosas para formar la nueva comunidad. Así fue. Enviaron tres madres, tres hermanas de coro y dos coadjutoras postulantes. Fueron las madres Concepción Benítez, Amparo Paz y Teresa Balmaceda. Acompañadas de Rubio Contreras, del obispo de Cádiz (Vicente Calvo Valero) y de familiares del mismo, llegaron las religiosas a Sanlúcar de Barrameda. En la ciudad fueron recibidas por el clero, las autoridades y una buena parte de la población. Rubio Contreras bendijo la capilla. Solemnemente se trasladó el Santísimo Sacramento desde la iglesia mayor parroquial a la nueva iglesia. Siete días después comenzó a funcionar el colegio. Fueron muchas las niñas que vinieron a inscribirse en él. Manuela tomó el hábito de religiosa el día de la Inmaculada Concepción, adoptando el nombre de María de la Paz en Asunción, Bibiana, Regla, Manuela, Carmen, Rosario, Julio y José (este último fue el famoso inventor de cañones de su nombre, cuyos restos descansas en el Panteón de Marinos Ilustres). Un año después, por privilegio concedido por la Santa Sede, por el que se abreviaba el tiempo de su noviciado, Manuela González Hontoria hizo su profesión solemne el 24 de enero de 1897, festividad de Nuestra Señora de la Paz. Viviría entregada a su vocación religiosa y a la enseñanza hasta el 9 de enero de 1925, día de su fallecimiento. Su hermana Rosario también colaboró intensamente con la fundación sanluqueña. Construyó a sus expensas un Orfanato en el mismo convento con becas para acoger y educar cristianamente a niñas huérfanas o necesitadas de la localidad. Las de otras localidades se admitían siempre que viniesen becadas por alguna persona. Rosario vivió dentro del convento dedicada a estas tareas hasta el momento de su fallecimiento (3 de septiembre de 1937). María del Rosario González Hontoria solicitó, en junio de 1898, licencia de la nunciatura apostólica para entrar y permanecer en el Convento de Nuestra Señora de la Paz en clase de huésped, con facultad de salir y entrar rationabile causa. El nuncio le ordenó al arzobispo Spínola, y este632 al arcipreste Rubio Contreras, que la comunidad de dicho convento, reunida capitularmente, expresase por votación secreta si estaba o no conforme con que se accediese a la petición efectuada por la señora González Hontoria. El arcipreste habría de dar cuenta oficial del resultado de dicha votación, añadiendo su particular parecer. Positivo fue el resultado. Poco después, el padre Sánchez Merino fue autorizado en 1900 para poder confesar a las alumnas internas y a las huérfanas acogidas en dicho colegio, siempre que el confesor ordinario tuviese alguna dificultad en hacerlo. Poco a poco la fundación de Sanlúcar de Barrameda se consolidó. La comunidad y la obra educativa experimentaron un gran desarrollo. La labor de la madre Zabala tuvo siempre una clara proyección interna, prestando un gran cuidado a la vida comunitaria y a la formación de las religiosas. Impulsó y amplió todo lo relacionado con el colegio mostrando un esmero especial en las relaciones externas, sobre todo con quienes más lo necesitaban. Al terminar su ejercicio de priora en 1920 fue sustituida por la madre Micaela Gárate, que ejercerá este servicio hasta 1925, fecha en la que saldrá para la fundación de Madrid. La madre Zabala fue elegida como representante de la casa de Sanlúcar de Barrameda para el primer Capítulo General y en las elecciones fue nombrada Asistente General, cargo que ocuparía en la ciudad de Roma hasta 1924. Desde Roma seguiría muy interesada por todas las cosas del coledatoria reseña biográfica de Juana de Lestonnac, recoge la siguiente crónica de la celebración realizada en el colegio sanluqueño con motivo de la beatificación de su fundadora: “La diócesis de Sevilla cuenta con dos casas de la Compañía de María, la una en Jerez de la Frontera; y en Sanlúcar de Barrameda, la otra. La comunidad instalada en esta última, poseída del justo gozo, que no podía menos de experimentar en la beatificación de su Santa Madre, la ha solemnizado con un magnífico triduo, que tuvo lugar los días 19, 20 y 21 del corriente, en el segundo de los cuales celebró Misa Pontifical nuestro Prelado, Mons. Marcelo Spínola.

No intentaremos describir la fiesta: únicamente diremos que hubo sermones por la mañana y por la tarde, predicando en la mañana sucesivamente el Prelado, el Arcipreste y el Provincial de los Capuchinos, y en la tarde el P. Morgado de la Compañía de Jesús: que la iglesia estaba adornada con exquisito esmero y gusto: que la concurrencia fue tanta, que los fieles se aglomeraban en la puerta del lugar sagrado, por no tener éste cabida bastante para contener a los que deseaban penetrar en su interior, y que todos los asistentes salían contentos y edificados. La víspera del triduo hubo una velada, en la que las alumnas dijeron bellos versos, pronunciaron sentidos discursos, y pusieron en escena un drama religioso; obteniendo entusiastas aplausos en estos actos, porque desempeñaron a maravillas su cometido. Todo el mundo se deshacía en elogios de las niñas y de las Madres, que las habían ensayado, y que a juzgar por los resultados deben poseer todos los secretos del difícil arte de declamar. Cúmplenos consignar además que las Madres aprovecharon tan oportuna ocasión para inaugurar un Asilo de Huérfanas, que han levantado en el perímetro de su Convento, y que viene a satisfacer una necesidad hace tiempo sentida en el pueblo de Sanlúcar. Fuente. Narciso Climent Buzón Historia Social de Sanlúcar de Barrameda (Vl. VI) pp. 557- 462.
